La soberanía de las Islas Malvinas es un tema que nos acompaña desde el comienzo de nuestra historia como Estado independiente. Incluso podemos mencionar las invasiones inglesas de 1806 y 1807 como intentos de coloniaje pre-independentista.
Con diferentes niveles de intensidad, la decisión de luchar por nuestra soberanía ha definido históricamente a nuestros gobiernos. Los gobiernos nacional-populares defendieron nuestra soberanía, preferentemente por vía diplomática. Entendiendo la causa Malvinas como una ausencia que lastima nuestra dignidad nacional y nos impide una Patria completa.
La contra cara han sido gobiernos pasivos y cómplices de la usurpación británica, dado que sus alianzas de poder contradecían el interés nacional y el reclamo soberano. Así ocurrió durante el siglo XX, cuando la oligarquía convirtió a la Argentina en la joya de la Corona Británica, eliminando el margen de autonomía y negociación.
El modelo agro-exportador pisoteó cualquier posibilidad de recuperación, del mismo modo que la política de seducción neoliberal encarada por el menemismo priorizó la inserción de Argentina en el Consenso de Washington, vía Fondo Monetario Internacional y endeudamiento. La "política diplomática" de los ´90 sobre Malvinas fue una falta de respeto a la historia y los héroes de Malvinas.
Por su parte, la experiencia belicista encarada por la dictadura-cívico militar y genocida representó la apropiación ilegítima de una causa popular en manos de quienes habían reprimido, asesinado y empobrecido al pueblo argentino entre 1976 y 1983. La heroicidad de los caídos en combate y de los sobrevivientes merecen una valoración al margen de la cúpula militar de turno.
Los veteranos se encargaron de malvinizar durante la posguerra, desmilitarizando la "Causa Malvinas". Fundamentalmente entre 1983 y 2001, donde el Estado no terminaba de asumir su responsabilidad a la hora de reconstruir simbólicamente la causa Malvinas en términos democráticos.
Esta síntesis importa para entender y comparar los últimos acontecimientos. Durante la gestión del Frente Para la Victoria (2003-2015) la causa Malvinas tuvo un lugar central: incluyendo al colectivo de veteranos de Malvinas en la formulación de políticas para el sector; reclamando en todas las instancias internacionales, con un abordaje regional del tema, el apoyo de los países emergentes y los BRICS.
En este contexto de posicionamiento y reclamo permanente, Argentina obtuvo un fallo favorable de la ONU -Marzo 2016- que amplió su plataforma soberana como consecuencia de una presentación realizada por el gobierno argentino en el año 2009. Más allá de las precisiones geográficas y el carácter vinculante o no del fallo, estamos ante un hecho político y un antecedente de relevancia histórica.
La resolución de la ONU es un elemento fundamental para revitalizar el reclamo soberano. En el contexto de un gobierno nacional-popular la respuesta hubiese sido inmediata y contundente, con el Presidente al frente del reclamo, convocando a sus Ministros, a los legisladores de todas las fuerzas políticas y a los protagonistas de la historia, nuestros veteranos.
Lamentablemente, el reconocimiento de la ONU coincide con el gobierno de Macri, que no pririza Malvinas como política de Estado y se limitó a una presentación protocolar de la Canciller Malcorra. Macri se inscribe en la tradición de gobiernos que no defienden el interés nacional: antes por el Pacto Roca-Runciman y actualmente por el Pacto Buitre.
El rumbo internacional de Cambiemos, con su gastado "volver al mundo" y la sumisión a Estados Unidos, no sólo afectará las condiciones de vida por el modelo económico impuesto, sino que limitará los reclamos, ya que contradicen los resortes internacionales que sustentan el modelo macrista: neoliberal, agroexportador y financiero.
El antecedente "ONU-Marzo 2016" que amplia nuestra soberanía deberá ser conservado y consolidado a la espera de un gobierno nacional-popular que retome la inclaudicable bandera de soberanía por Malvinas.
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