Se ha dicho: Incertidumbre, proteccionismo, amenaza, temor, anti-sistema, etc.
La incertidumbre es real. En el plano externo los indicios marcan que la relación con Rusia será de mayor entendimiento, mientras que China aparece como principal antagonista en un escenario donde Estados Unidos depende seriamente del país asiático en términos de deuda pública.
Rusia podría convertirse en un punto de equilibrio, como ocurría en tiempos de Guerra Fría cuando Estados Unidos buscaba alejar a China de la Unión Soviética para no perder supremacia frente a los gigantes del comunismo.
Las opiniones personales de Trump sobre conflictos puntuales en Oriente Medio, o respecto al posicionamiento geopolítico y económico aparecen como una de las principales incógnitas. ¿Podrá la verborragia imponerse a décadas de tradición diplomática, militar y económica? ¿La OTAN se verá debilitada?, ¿Se cancelarán los acuerdos comerciales que Estados Unidos propulsa a escala global?
¿Qué consecuencias tendrían tales decisiones sobre los enclaves militares y los posicionamientos geopolíticos actuales? ¿La retórica contra el Estado Islámico será suficiente para alterar el devenir de los acontecimientos en Siria y la inestabilidad de la región desde la caída de los regímenes durante la "primavera árabe"?
Parece demasiado para un gobierno de 4 años, quizás sea un tiempo prudencial para imponer el discurso, para convencer no solo a la ciudadanía sino a los resortes de poder norteamericano del cambio de rumbo. Sin dudas que el exito de los nuevos enfoques dependerán de la política doméstica, es fundamental para el nuevo gobierno que la promesas de trabajo y recuperación industrial sostengan la pretendida transformación de la mirada internacional.
Quizás EEUU ingrese en una etapa internacional de expansión silenciosa, con influencia pero con menos desgaste. Con crecimiento interno para borrar la imagen de una potencia en extinción que alimenta a China, su principal amenaza. La imagen de un Estados Unidos pujante, recuperando su capacidad industrial, buscando que el fortalecimiento interno reemplace el desgaste actual causado por conflictos bélicos de baja intensidad en diferentes latitudes.
¿Es Trump un anti-sistema? Parece obvio aclarar que el sistema se integra de múltiples esferas de influencia: sistema político, económico, militar, etc. Sostener que Trump es un anti-sistema es temerario: Un hombre de negocios, que antes de ser presidente paso por ambos partidos tradicionales, que a la par del capitalismo creció, quebró, resurgió y se convirtió en presidente.
Podríamos calificarlo como un outsider político, el mas outsider de todos, que alcanzó la presidencia de la principal democracia a pesar de los medios, de su propio partido y de sus exhabruptos. Decir que viene "de afuera" de la política no es lo mismo que considerarlo un anti-sistema. No veremos en Trump un detractor del capitalismo, un enemigo del poder económico o del complejo industrial-militar. Quizás encontremos un defensor de un capitalismo mas productivo y menos especulativo; mas de hierros y cemento; y menos de bonos y acciones.
El plano interno es un desafío en todo sentido, la recuperación de la capacidad propia puede convertirse en un brote nacionalista amenazante para las minorías religiosas, raciales, sociales, nacionales, etc. Las afirmaciones en este sentido fueron el principal punto de preocupación para los norteamericanos que creen en una nación abierta, que habilite el sueño americano más allá de sus fronteras; frente a un Trump cada vez más cercano a decir "América para los americanos".
La incertidumbre es real. En el plano externo los indicios marcan que la relación con Rusia será de mayor entendimiento, mientras que China aparece como principal antagonista en un escenario donde Estados Unidos depende seriamente del país asiático en términos de deuda pública.
Rusia podría convertirse en un punto de equilibrio, como ocurría en tiempos de Guerra Fría cuando Estados Unidos buscaba alejar a China de la Unión Soviética para no perder supremacia frente a los gigantes del comunismo.
Las opiniones personales de Trump sobre conflictos puntuales en Oriente Medio, o respecto al posicionamiento geopolítico y económico aparecen como una de las principales incógnitas. ¿Podrá la verborragia imponerse a décadas de tradición diplomática, militar y económica? ¿La OTAN se verá debilitada?, ¿Se cancelarán los acuerdos comerciales que Estados Unidos propulsa a escala global?
¿Qué consecuencias tendrían tales decisiones sobre los enclaves militares y los posicionamientos geopolíticos actuales? ¿La retórica contra el Estado Islámico será suficiente para alterar el devenir de los acontecimientos en Siria y la inestabilidad de la región desde la caída de los regímenes durante la "primavera árabe"?
Parece demasiado para un gobierno de 4 años, quizás sea un tiempo prudencial para imponer el discurso, para convencer no solo a la ciudadanía sino a los resortes de poder norteamericano del cambio de rumbo. Sin dudas que el exito de los nuevos enfoques dependerán de la política doméstica, es fundamental para el nuevo gobierno que la promesas de trabajo y recuperación industrial sostengan la pretendida transformación de la mirada internacional.
Quizás EEUU ingrese en una etapa internacional de expansión silenciosa, con influencia pero con menos desgaste. Con crecimiento interno para borrar la imagen de una potencia en extinción que alimenta a China, su principal amenaza. La imagen de un Estados Unidos pujante, recuperando su capacidad industrial, buscando que el fortalecimiento interno reemplace el desgaste actual causado por conflictos bélicos de baja intensidad en diferentes latitudes.
¿Es Trump un anti-sistema? Parece obvio aclarar que el sistema se integra de múltiples esferas de influencia: sistema político, económico, militar, etc. Sostener que Trump es un anti-sistema es temerario: Un hombre de negocios, que antes de ser presidente paso por ambos partidos tradicionales, que a la par del capitalismo creció, quebró, resurgió y se convirtió en presidente.
Podríamos calificarlo como un outsider político, el mas outsider de todos, que alcanzó la presidencia de la principal democracia a pesar de los medios, de su propio partido y de sus exhabruptos. Decir que viene "de afuera" de la política no es lo mismo que considerarlo un anti-sistema. No veremos en Trump un detractor del capitalismo, un enemigo del poder económico o del complejo industrial-militar. Quizás encontremos un defensor de un capitalismo mas productivo y menos especulativo; mas de hierros y cemento; y menos de bonos y acciones.
El plano interno es un desafío en todo sentido, la recuperación de la capacidad propia puede convertirse en un brote nacionalista amenazante para las minorías religiosas, raciales, sociales, nacionales, etc. Las afirmaciones en este sentido fueron el principal punto de preocupación para los norteamericanos que creen en una nación abierta, que habilite el sueño americano más allá de sus fronteras; frente a un Trump cada vez más cercano a decir "América para los americanos".

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