El gobierno de Mauricio Macri diagnostica los problemas partiendo de la falta de calidad en las políticas públicas. Como contrapunto, el kirchnerismo se caracterizó por la cantidad: Inversión en educación (6% del PBI, Conectar Igualdad), Ciencia (ARSAT, repatriación de científicos) y políticas sociales (AUH, PROCREAR) son un ejemplo.
La transferencia de recursos desde los sectores concentrados permitió una redistribución progresiva del ingreso. Las críticas dirán que hubo ineficiencia y corrupción, que no se avanzó sobre el sector financiero, el juego y la minería; que no se estatizó la exportación de granos emulando al IAPI, o que la recuperación de YPF llegó tarde, etc.
Contemplando todas las críticas, es innegable que el Estado intervenía en la economía para que los ricos sean un poco menos ricos y que los pobres sean menos pobres. Hoy tenemos un gobierno que por acción y omisión utiliza el Estado para potenciar la riqueza de los ricos y aumentar la cantidad de pobres.
El gobierno de Cambiemos resuelve las criticas de calidad recortando cantidad. Es decir, si al sistema educativo le falta calidad lo resuelven ajustando el presupuesto. Un razonamiento básico supone que a los recursos vertidos en el sistema le sigue una segunda etapa cualitativa, de construcción de capacidades estatales. Cambiemos nos habla de calidad mientras vacía el Estado.
Las características de las ultimas dos gestiones muestran un evidente contraste. El kirchnerismo planteaba un esquema que le permitía definirse desde la cantidad: escuelas, universidades, computadoras, asignaciones, jubilaciones, sustentadas en los recursos emergentes de la intervención estatal. El esquema impactaba en el mercado interno motorizando el consumo, la producción nacional y el desendeudamiento.
Mientras tanto el macrismo cambió el sentido de la intervención estatal, de una fase progresiva a una intervención regresiva sobre los niveles de equidad. La decisión desfinanció al Estado y los obligó a colocar el discurso en la calidad. Se anclaron en lo cualitativo porque se desprendieron de recursos que recuperaron las corporaciones.
Como si fuera poco, el déficit generado por la quita de retenciones, se reemplazó por endeudamiento externo, ajuste y reducción de subsidios en servicios y transporte. El esquema del cambio impacta contrariamente: Desinfla el consumo, retrae la producción y el empleo, promueve la importación afectando la industria nacional, etc.
En conclusión, el debate cantidad-calidad se debe una pregunta previa: ¿En qué sentido interviene el Estado sobre la renta extraordinaria?
Si el Estado redistribuye la renta hablaremos de cantidad por la disponibilidad de recursos para inversión pública. Sin embargo, cuando se produce un cambio en el esquema redistributivo prevalecerá el “relato del ajuste” que afirma que tenemos un “Estado bobo” y que toda la inversión fue corrupta y en vano. Una vez más los predicadores del Estado mínimo pretenden desplazarlo para que las “calidades” del mercado arrasen con la mayoría de la población y sus derechos.
GEORGE MONBIOT / THE GUARDIAN Imaginen que en la Unión Soviética los ciudadanos no hubieran oído hablar del comunismo. Pues bien, la mayoría de la población desconoce el nombre de la ideología que domina nuestras vidas. Si la mencionan en una conversación, se ganarán un encogimiento de hombros; y, aunque su interlocutor haya oído el término con anterioridad, tendrá problemas para definirlo. ¿Saben qué es el neoliberalismo? Su anonimato es causa y efecto de su poder. Ha sido protagonista en crisis de lo más variadas: el colapso financiero de los años 2007 y 2008, la externalización de dinero y poder a los paraísos fiscales (los “papeles de Panamá” son solo la punta del iceberg), la lenta destrucción de la educación y la sanidad públicas, el resurgimiento de la pobreza infantil, la epidemia de soledad, el colapso de los ecosistemas y hasta el ascenso de Donald Trump. Sin ...
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