La dispersión que genera una derrota
electoral promueve múltiples alternativas ante la construcción que viene. En
este contexto de ebullición se reproducen diversos esquemas de organización que
de acuerdo de su eficacia coyuntural, arraigo social (representatividad) y solidez política-comunicacional
se posicionarán de cara al futuro.
Las opciones o esquemas de organización son conocidas, se han intentado en el pasado y de acuerdo a las variables mencionadas han tenido mejores o peores resultados. Es importante aclarar lo básico, que en momentos álgidos puede ser fundamental: Todas las construcciones políticas, para tener una traducción en términos de poder y alcanzar el gobierno del Estado, deben conformarse en una opción electoral a través de un frente o un partido.
La innovación política, la búsqueda de nuevos esquemas de participación y construcción de mayorías tiene un limitante sistémico: el sistema político y el sistema de partidos. No se trata de una mirada conservadora, sino de un análisis realista. A la hora de pensar lo que viene es primordial recordar como funciona la democracia y las instituciones del país. La tentación de recargar de poética la construcción política tiende a grandes desilusiones incapaces de modificar la realidad.
El dilema actual nos indica que un nuevo gobierno popular necesita del acompañamiento de todas las fuerzas populares, que el aprendizaje histórico permita rechazar el neoliberalismo en sus diferentes expresiones. Sin embargo, dicha certeza tiende a nublarse cuando nos preguntamos sobre la traducción política-electoral de ese gran frente popular.
La misma conciencia histórica que aglutina a los sectores populares oficia como factor disgregante. El pasado nos une ante el descalabro del ajuste, pero tiene infinidad de reproches o diferencias que van desde la forma de concebir la historia, el sujeto político, la construcción, la gestión, la organización, etc.
Es decir que a la hora de cristalizar ese gran frente florecerán dichas contradicciones, es inevitable, la historia de los pueblos la forjan las personas y las personas tienen diferencias. Ésta coyuntura que contagia ganas de expresar broncas nos conducirá a un "cuello de botella" inevitable en la recta final.
A pesar de lo dicho, que puede ser interpretado como un mirada pesimista, podemos pensar positivamente si somos capaces de encontrar una salida en la construcción de contenido político, en los consensos sobre el programa del próximo gobierno popular y en la resolución de los clivajes históricos que han limitado y desgastado a los gobiernos populares.
Las bases del frente popular deben ser programáticas. A sabiendas de las limitaciones orgánicas y pragmáticas, es importante consolidar consensos sobre la concepción del Estado, el rol de los trabajadores y sus organizaciones, y el rol de las élites con algún mínimo atisbo de interés nacional.
Es fundamental la estrategia frente a sectores que no colaboraron nunca en la consolidación de un proyecto que articule desarrollo nacional con inclusión social. Dichos sectores nos empujan a un péndulo que oscila cada diez años entre predominio rural-financiero-mercadointernista sin resolver un proyecto de país que pueda proteger a sus compatriotas de dichas disputas.
Las secuelas de la puja entre elites se traducen en hambre, exclusión, pobreza y represión. Las mayorías populares terminan siempre como carne de cañón de la oligarquía y los sectores de poder. Los vencedores pueden ir alternando pero los vencidos son siempre los mismos.
Es importante recuperar aquello de “discutir las cosas y no las personas”; si la construcción de la alternativa popular se limita a los nombres propios no será otra cosa que una puja entre dirigentes bajo el paraguas de un frente popular atractivo como idea pero vaciado del contenido que merece y necesita.
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